Menorca talayótica

Conozcamos la prehistoria de la isla y sus monumentos megalíticos más famosos (navetas, talayots y taulas), alguno de ellos aún perfectamente conservados.

 

Además de la vida de mar en las espléndidas playas de la isla, el trekking por el Camí de Cavalls y la amplia oferta gastronómica para degustar, Menorca ofrece también, al visitante más inquieto, una serie de sitios arqueológicos muy interesantes.

Debido a la cantidad de yacimientos presentes en la isla (alrededor de 1.500 en sólo 700 km2 de extensión) y por el excelente estado de conservación de los mismos, muchos expertos consideran Menorca como un verdadero museo al aire libre en el que podemos observar navetas, talayots y taulas, los tres diferentes tipos de construcciones megalíticas propias de la isla balear. La importancia y la singularidad de estos monumentos ha llevado, en 2017, a la candidatura de Menorca como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Os invitamos, por lo tanto, antes de visitarlos personalmente, a descubrir con nosotros qué son y para qué servían estas construcciones, adentrándonos un poco en la lejana época de la Menorca talayótica.

Empecemos con decir que la historia de la isla es muy antigua, mucho más de lo que nos podemos imaginar. Los primeros hallazgos arqueológicos que confirman la presencia humana en la isla se remontan al 2.100 a.C. (correspondiente apróximadamente al comienzo de la edad del Bronce) y todo el período que va desde esta época hasta la ocupación romana en el 123 a.C. se considera la prehistoria menorquina.

Menorca talayótica

Menorca pre-talayótica (2.100-1.500 a.C.)

Aunque la cuestión se encuentra todavía en una ámplia fase de investigación, se cree que los primeros habitantes de Menorca (y también de la vecina Mallorca) vinieron de la zona del Golfo del León, en el sur de Francia. Eran grupos seminómadas que se dedicaban a la agricultura de cereales y a la ganadería de ovejas y cabras, organizados en pequeños clanes que, probablemente, vivían en cuevas naturales o en simples cabañas de las que no quedan trazas.

En esta etapa arqueológica, conocida como pre-talayótica (2.100-1.500 a.C.), encontramos las primeras navetas, grandes monumentos fúnebres que se encuentran sólo en Menorca y que, junto con las taulas, representan los restos arqueológicos más interesantes y famosos de la isla.

Las navetas son unas construcciones con forma de barco al revés (de allí su nombre), utilizadas principalmente para la sepultura colectiva de los difuntos. Las navetas presentan una estrecha entrada y una planta absidal y fueron construidas con una técnica definida ciclópea, caracterizada por la utilización de la piedra calcárea local cortada en grandes bloques regulares que se colocaban juntos en seco (sin malta) hasta formar una construcción.

La tumba mejor conservada y más conocida es, sin dudas, la Naveta des Tudons, situada a unos 6 km de Ciutadella en la carretera principal que cruza la isla, aunque las dos navetas de Rafal Rubí son igual de interesantes para visitar y se encuentran entre Mahón y Alaior.

Menorca talayótica (1.500-123 a.C.)

Según la propuesta cronológica ofrecida por el Museo de Menorca, el período talayótico menorquín empezaría, en cambio, alrededor del 1.500 a.C. dividiéndose en 4 sub-épocas.

Entre el 1.000 y el 700 a.C. se cree que fueron edificados alrededor de 300 talayots actualmente descubiertos: se trata de elementos arquitectónicos cuyo nombre se relaciona con la palabra española de origen árabe “atalaya”, es decir, torre de control y vigilancia.

Los talayots nos recuerdan también a los italianos nuraghi de cerdeña y, aunque por el momento aún no se ha encontrado ningún nexo histórico, es posible que las poblaciones -geográficamente muy cercanas- tuvieran entre ellas algún tipo de relación o intercambio. El nombre antiguo de Menorca, Nura, podría ser otra prueba de estas antiguas conexiones entre las islas, aunque muchos expertos modernos asocian la denominación Nura con el período fenicio más tardío, en cuya lengua la palabra “nur” significaba fuego.

Como decíamos, no obstante el elevado número de talayots presentes en Menorca, no se conocen aún exactamente las funciones de estas construcciones megalíticas. Edificados siempre con la misma técnica ciclópea en seco, poseen una estructura de tronco de cono con una base circular o elíptica (a diferencia de los talayots mallorquines que tienen una planta cuadrada) a la cual se podía acceder sólo a través de una ventana conectada con una rampa móvil. De dimensiones y tipologías diferentes, algunos miden hasta 30 metros de diámetro, otros en su interior se dividen en habitaciones. Ubicados normalmente en zonas ligeramente elevadas alrededores de poblados, hoy en día se considera que los talayots fueron fuertes defensivos o edificios de carácter cultural o sagrados utilizados por la clase dominante de la población.

Lo que, sin embargo, parece claro ante los ojos de los investigadores modernos es que, al principio de la época talayótica, se sucedieron grandes cambios en la población local. Durante un período de dos siglos desde una sociedad pacífica organizada alrededor de grupos familiares, se pasó a una organización social mucho más jerarquizada y belicosa.