¿Cómo surgió Ola Menorca, la mejor plataforma de barcos locales? De una historia de amor entre dos emprendedores, Daria y Gabriel
Ella es ucraniana, él menorquín «fabricado en Argentina». Se conocieron en el aeropuerto unas horas antes del confinamiento y hoy, con Ola Menorca, sacan al mar más de 70 embarcaciones en casi todos los puertos de la isla.
Hay algo que me llama la atención de inmediato cuando escucho sus relatos y su historia: nunca se interrumpen. Ella habla, luego le cede la palabra con una mirada; él retoma el hilo y ella escucha. Ninguno de los dos alza la voz para acaparar la atención. Es un ping-pong cortés, lleno de risas, con un respeto casi de otra época. Y lo hacen con una complicidad que se percibe desde el primer momento.
Tras un par de horas de entrevista a bordo de su llaut, la Principessa, comprendí que esa sintonía no es un detalle: es el secreto de todo lo demás.
- Daria, de Ucrania a España
- Gabriel, de Argentina a Menorca
- El último vuelo antes del confinamiento
- La chica que no sabía nadar
- Ola Menorca, de la afición al negocio
- Modelo de negocio: alquilar barcos con la cabeza y el corazón
- Un servicio profesional y personalizado
- El placer de compartir lugares y recuerdos
Daria, de Ucrania a España

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Daria Iegorova nació en Kiev y es pura energía. Fue madre a los diecisiete años y desde muy joven aprendió a compaginar la maternidad con su vida profesional. Nunca ha sido empleada ni un solo día de su vida. Desde hace décadas se dedica a importar a Ucrania figuras de porcelana de Lladró y vajillas de Portmeirion Group y su negocio en Kiev sigue sobreviviendo a pesar de la absurda guerra.
En 2014 llega a Menorca para pasar una semana de vacaciones con su hija y se enamora: del mar, de la naturaleza, del silencio. «Cuando me jubile, vendré a vivir aquí», se dice a sí misma. Entonces, la vida se acelera. Tras la ocupación rusa de Crimea, se ve obligada a vender su casa de verano por una cuarta parte de su valor y, con ese dinero, en 2016 compra una casa a reformar en Mahón. Iba a ser la casa de vacaciones. Pero en Menorca descubre pronto que el verano dura de mayo a octubre y que en la isla se vive bien todo el año.
Gabriel, de Argentina a Menorca

Gabriel Aznar Gomila, Gaby para muchos, es un menorquín con una historia de emigración a sus espaldas. A medianos de los años sesenta, sus padres se marcharon a Argentina en busca de trabajo y se establecieron en Pigüé, al sur de la provincia de Buenos Aires. Ocho años después regresaron a Menorca porque, al fin y al cabo, Sudamérica no era mejor que España. Gaby volvió a la isla cuando tenía un año. «Soy un menorquín fabricado en Argentina», explica con una sonrisa.
De aquella experiencia, la familia se trajo una visión más abierta, que él aún reconoce en sí mismo. Creció en Alcaufar, pero el mar no le interesaba en absoluto y hoy es patron profesional. Le encantaba dibujar y se ha pasado la vida en el sector inmobiliario, primero en la agencia familiar de 1996 a 2013, agencias locales, promotoras y luego como autónomo.
El último vuelo antes del confinamiento
Daria y Gabriel se conocieron poco antes de la llegada de la Covid y llevaban un tiempo hablando cuando sus caminos se cruzaron por primera vez. El 14 de marzo de 2020, Daria llegó a Menorca en el último vuelo antes del confinamiento y Gaby fue a recogerla al aeropuerto. Así se vieron por primera vez, apenas unas horas antes de que España lo cerrara todo. Y desde entonces siguen juntos. Por eso Daria asegura, entre risas, que siempre se había considerado una mujer seria y sensata.
«Fue un experimento sociológico y una auténtica aventura», cuenta ella. Encerrados juntos en casa, sin conocerse, de la noche a la mañana. «¿Qué hacemos? Yo cocino bien… así que nos quedamos juntos», añade él.
Han pasado seis años. Para Daria, Gaby es su apoyo incondicional en cualquier situación, por complicada o inesperada que sea. «Me da la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, siempre estará a mi lado», explica ella. Él la describe como una mujer divertidísima, cercana, con un sentido del humor irresistible: «No podría tener una mejor compañera de vida y de trabajo. ¡Somos un equipo!».
Sus hijos, que entonces tenían 9 y 11 años, conectaron con ella desde el primer momento. Para ellos, Daria siempre ha sido una amiga.
La chica que no sabía nadar
Y el mar? Aquí viene el primer giro inesperado. Hasta los 25 años, Daria no sabía nadar, por un miedo al agua que arrastraba desde la infancia. Es en Crimea donde se pone a prueba: cada mañana a las seis, una hora de natación. Allí conoce a un amigo con un pequeño velero de vela color fucsia, salen juntos a navegar y ella decide: algún día tendré la licencia y un barco. Al llegar a Menorca, estaba convencida de que todos los menorquines tenían uno. No es así, claro está. Pero ella lo quería de todos modos.
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Su primer barco es una lancha de 4,90 metros. «Una prueba: no sabíamos nada ni del mar ni de barcos», explica Daria. Dos años después, el gran salto: un barco más grande, con su propio amarre, encontrado en Cala Llonga. Lo compraron incluso antes de tener el PER para poder manejarlo. Un mes de clases, el examen práctico, y ya tienen su primera titulación seria.
El barco estaba inscrito en lista sexta, lo que permitía destinarlo al chárter. La idea inicial era sencilla: dejarlo en manos de alguna empresa de alquiler para cubrir al menos los gastos de mantenimiento, porque tener un barco no es precisamente barato. Pero no encontraron ninguna empresa dispuesta a gestionarlo. Así que decidieron hacerlo ellos mismos. Solo había un pequeño detalle: para ello necesitaban conseguir al menos dos titulaciones náuticas más. Y vuelta a estudiar. Mientras tanto, Gaby sigue trabajando para una empresa dedicada a la construcción de viviendas y Daria sigue al frente de su negocio en Ucrania.
Ola Menorca, de la afición al negocio

En 2023 crearon la página web y en 2024 su barco se averió. ¿Qué hacer? Durante los cursos para obtener las titulaciones náuticas habían conocido a otros armadores, que decidieron confiar el alquilar de sus barcos también a través de Ola Menorca, atraídos por una forma diferente de hacer las cosas. Y así, casi sin darse cuenta, en apenas dos semanas, aquella web que hasta entonces ofrecía una sola embarcación pasó a tener 12 barcos.
La única herramienta de Daria para dar a conocer y alquilar los barcos era Instagram, donde por aquel entonces apenas tenía 2.000 seguidores. Y aquello se convirtió en todo un reto: «¿Cómo voy a conseguir alquilar 12 barcos solo a través de Instagram, con tan pocos seguidores?». Pero Daria es una emprendedora nata. A finales de verano ya gestionaban 23 barcos y, en diciembre de 2025, su perfil de Instagram alcanzó los 10.000 seguidores. Y parece que aquello solo era el principio: menos de un año después, ya han superado los 20.000.

2025 es el año decisivo: ¿Ola Menorca es una afición, un hobby o un negocio? ¡Es un negocio que funciona! Y es entonces cuando deciden que Ola Menorca no será simplemente una empresa de alquiler de barcos, sino una plataforma de embarcaciones locales con un trato cercano y personalizado, donde cada cliente recibe atención directa y cada armador puede ofrecer su barco también a través de Ola Menorca, igual que lo hace en otras plataformas.
En 2025 ya colaboran con unas 50 embarcaciones. En febrero de 2026 compran la Principessa y este verano ya son 80 los barcos de propietarios locales que se pueden alquilar a través de Ola Menorca, repartidos por toda la isla: desde Addaia hasta Cala Galdana, desde Ciutadella hasta Fornells, desde Mahón hasta Santo Tomás.
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Modelo de negocio: alquilar barcos con la cabeza y el corazón
Su modelo de negocio es sencillo: una comisión más baja que la de las grandes plataformas, el pago inmediato del anticipo al armador y el saldo abonado directamente al armador cuando el cliente sube al barco. «Somos un grupo de amigos que nos hemos reunido con nuestros propios barcos. Una especie de cooperativa: solidaria, no especulativa», precisan al unísono. Conocen cada uno de los barcos personalmente porque, como dice Daria, «Yo respondo personalmente. Me he visto obligada a excluir algunos porque no tienen el calendario actualizado».

La fórmula más solicitada es la de medio día. Y el barco más apreciado es el «llaut», la embarcación tradicional menorquina: estable, cómoda, con espacio tanto para el sol como para la sombra. «La gente quiere una experiencia auténtica, local. Quiere pasar un día tranquilo». Para Daria y Gabriel, su Principessa es también su casa de verano y tienen todo lo necesario para dormir, comer y disfrutar su tiempo libre allí…
Él está al timón y el servicio es de primera, basta con leer las 125 reseñas en Google, todas de 5 estrellas, de clientes que vuelven año tras año. Hace fotos y vídeos con el dron y se los regala; se ocupa de los niños entre sesiones de paddle surf y chapuzones mientras los padres por fin descansan. «Salgo con clientes y vuelvo con amigos. A veces tengo que recordarme a mí mismo que estoy trabajando», dice. Daria, por su parte, se queda en tierra gestionando las reservas. Si se la quiere a bordo, hay que solicitarlo, al igual que a Whisky, el perro de la casa. Los clientes habituales lo saben y más de una vez disfrutan del equipo completo.
Un servicio profesional y personalizado

En Instagram, WhatsApp o por teléfono, siempre responde ella, en persona. No responde una inteligencia artificial. Daria escucha y aconseja porque ella también es capitan. Antes de cada alquiler habla con el cliente y le plantea la opción que le encaja, siempre buscando la máxima satisfacción, se trata de disfrutar un día en el mar sin preocupaciones, de esta forma también puede ayudar a los propietarios de las embarcaciones, los clientes ya vienen instruidos, conocen la embarcación y la zona de navegación, y en algún caso si algo no le convence, lo rechaza, como me explica: «Prefiero perder una reserva antes que mandar a alguien al mar sabiendo que no lo va a disfrutar». El logotipo, un llaut estilizado, lo diseñó Polina, su hija, que tiene formación en diseño de moda. Además de las salidas diarias durante el verano, en temporada baja organizan degustaciones, talleres prácticos de navegación, maniobras de atraque y fondeo, y todo tipo de actividades que la infinita imaginación de Daria concibe y crea cada día.
Pero Ola Menorca no se limita al mar. Daria y Gaby han decidido dedicar también parte de su tiempo a algo que consideran importante: dar a conocer los lugares y negocios de Menorca que ellos mismos disfrutan y recomiendan. Restaurantes, hoteles, playas, rincones especiales y proyectos locales que, a veces, pasan desapercibidos.
«No hacemos publicidad ni cobramos por estas recomendaciones. Simplemente compartimos los sitios a los que nosotros mismos vamos y que nos gustan de verdad. Nos parece una manera bonita de apoyar a los negocios locales y, al mismo tiempo, ayudar a nuestros seguidores y clientes a descubrir una Menorca que no siempre aparece en las guías turísticas», explica Daria.
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¿Qué te ha enseñado Menorca, Daria? Lo piensa un momento y responde: «La paciencia. A adaptarme. A vivir “poc a poc”». Si, que duerme ocho horas, pero durante el resto del día parece no parar nunca; responde enseguida porque «si hay que hacer algo, lo hago ahora mismo»; Gaby aporta equilibrio a su energía inagotable. Él, a cambio, ha encontrado una compañera con la misma inventiva y el mismo espíritu emprendedor. «Es domingo y estamos trabajando. Hay quien nos critica. A nosotros nos parece bien así». Cómo los entiendo: es domingo y los estoy entrevistando en su barco de 11 metros fondeado en Mongofre. De vez en cuando miro el mar; quizá me apetecería darme un chapuzón, pero el tiempo vuela entre charlas, risas, ganas de crear y el placer de sentirse en sintonía.
El placer de compartir lugares y recuerdos
El pensamiento se dirige también a Ucrania, donde Daria tiene parte de su familia y donde la guerra sigue marcando la vida de tantas personas. Quizá también por eso, para ella, compartir lo que ama se ha convertido en una filosofía.
«Nunca he entendido por qué hay que guardar para uno mismo los lugares bonitos o las experiencias especiales. Hay muchas cosas en la vida que se olvidan, pero hay momentos que se quedan para siempre. Esas horas en un barco, cuando todos los problemas se quedan lejos, en tierra, y solo existen el mar, el sol y la libertad… Son recuerdos que la gente se lleva consigo para toda la vida, más aun los niños. Y a nosotros nos hace felices poder compartir esos momentos», añade con una sinceridad desarmante.
Así nació Ola Menorca: de una chica que hasta los 25 años no sabía nadar, un chico de Alcaufar, un último vuelo y un encuentro en el aeropuerto de Mahón… Quien sube a bordo lo entiende enseguida: aquí no solo se alquila un barco, sino que te embarcas en la aventura de dos personas que se han inventado un trabajo con alma. Personas que no se olvidan y a las que estás deseando volver a ver. ¡A mí también me pasa lo mismo!







