Una charla con María Torróntegui, artista que pinta las pequeñas cosas del día a día en cuadros en miniatura
Hay un jardín en Menorca que, durante varios meses, se convierte en un taller de pintura. No hay paredes, ni techo: solo hay luz que se cuela entre las hojas y María Torróntegui, pincel en mano, inclinada sobre un lienzo en el que está naciendo un vaso. Medio vacío o quizá medio lleno, depende de cómo se mire, y ella ya ha elegido de qué lado estar.
Me encuentro con ella en ese jardín, entre lienzos, algunos de tamaño mínimo, óleos y la sensación de que el tiempo allí transcurre más despacio que en cualquier otro lugar.

María nació en Zaragoza y su historia de amor con Menorca comienza mucho antes de este nuestro encuentro en su taller rodeado de vegetación. Es el 1971, cuando llega a la isla por primera vez con toda la familia para visitar a Perla, su hermana mayor, que vivía en Biniparrell. Era una niña, se enamoró de la isla y, desde que cumplió los dieciséis, vuelve allí con regularidad. Su familia alquiló varias casas hasta que encontraron una casita en el campo cerca de Suestra (Sant LLuís) con todo lo necesario para una vida sencilla.
El Paupa, Toni y una familia enamorada de Menorca
En el Paupa Menorca, en Binibèquer Nou, María conoció en 1988 a Toni Monné Campañà, quien se convertiría en su marido. Eran otros tiempos. No había teléfonos y el Paupa era el lugar donde todos se reunían. Se enamoraron, se fueron a vivir juntos al año siguiente y de ahí nació una familia que ama Menorca: Pol, hijo biológico de Perla – a quien María y Toni criaron tras su fallecimiento -, Lucas, profesional en contenidos audiovisuales, y Rita, que trabaja en las Salinas de La Concepción, en Fornells.

Toni Monné es periodista gastronómico. Su abuelo era Antoni Campañà i Bandranas, fotógrafo. En 2018, la familia encontró las fotos de la Guerra Civil escondidas en «cajas rojas», casi 6000 imágenes. Un material valioso, comisariado por Toni y gestionado por la galería de arte RocioSantaCruz, con la que se realizó la exposición «La guerra infinita», en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) de Barcelona (2021). Otra exposición, «La Caja Roja de Antoni Campañà. Fotos de guerra, arte y Sant Cugat», se puede visitar actualmente en el Museo de Sant Cugat.
Vivir en Menorca, no solo visitarla como turistas
La suya no es una vida de «veraneantes», de turistas de verano. Se trasladan a Menorca con lo necesario para vivir allí de mayo a noviembre. Cuando cambia el tiempo, vuelven a Barcelona. El ritmo de sus días es sencillo: baño en el mar a las 8:30 de la mañana, cuando aún no hay nadie, y luego a casa sobre las 10. Menorca ha cambiado, hay mucha más gente, aunque también depende de dónde vayas y del estilo de vida que lleves. La isla ha perdido un poco de espontaneidad; Los Bucaneros y el En Caragol eran locales sencillos y carismáticos… Pero, añade María, «¡nos seguimos viendo para tomarnos una cerveza en el Paupa!».

A María le apasiona la gimnasia y la pintura. Estudia Educación Física en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) de Lleida y pinta desde 1990. Su padre, ingeniero de minas especializado en gas y petróleo, se desplaza a menudo por trabajo y se lleva a la familia consigo: Madrid, Lleida, Barcelona… Quizá sea en esos continuos cambios de escenario donde aprende a mirar las cosas con ojos siempre nuevos.
De la educación física al óleo sobre madera: una vocación
En el Institut Supérieur de Peinture Décorative (Ipedec) de París, María estudia «trompe l’oeil», imitación de mármol, imitación de madera y técnicas de pintura decorativa. Después, adquiere experiencia trabajando para una empresa que realiza escenografías para teatros y televisión. Pero es el óleo sobre madera – por el resultado y la textura que solo la madera puede aportar-, el que se convierte en su lenguaje principal. Los lienzos, dice, los reserva para los cuadros más grandes, más fáciles de enviar.
Su estudio en Barcelona tiene una historia que merece la pena contar: se encuentra en la antigua fábrica de muñecas de porcelana Lehmann, hoy reconvertida en taller para artistas, en pleno corazón del Eixampe o Ensanche , el segundo distrito de la ciudad. Es un espacio abierto al público donde también imparte talleres de pintura.
«Casi nada»: la belleza de lo que ya está cerca

María, ¿qué te llevó a pintar las pequeñas cosas del hogar?
«No fue una elección, sino una necesidad. Durante la pandemia, sin poder acceder a mi estudio, empecé a pintar en formatos minúsculos – 16×6, 15×13 centímetros -, simplemente porque era el espacio del que disponía. Una taza, una salsera, los objetos que tenía delante. Fue una forma de aportar un poco de luz y de futuro en un momento tan extraño», recuerda.
Lo que surgió como una necesidad práctica se ha transformado en un proyecto que sigue creciendo: más de cien cuadros pequeños, un bodegón revisitado con una mirada contemporánea, donde cada objeto cotidiano – una cuchara en un plato, un vaso medio lleno, un tarro de salsa -, se convierte en pretexto para hablar de alegría, de atención, de momentos en familia.

¿Cómo eliges qué pintar?
«A veces vamos a buscar las cosas lejos y, en cambio, ya las tenemos cerca», responde. Es quizás la frase que mejor resume su filosofía: mirar con calma, con los ojos abiertos, porque la felicidad rara vez reside en lo que deslumbra.
Sus cuadros se exponen en distintos puntos de la isla – desde Le Souvenir y Argos en Mahón, hasta Can Sancia en Sant Climent -, y cada año organiza un par de exposiciones individuales y participa en colectivas. ¿La más reciente? «Casi Nada», en la galería Atica, en el puerto de Maó. Las ventas, me confiesa, han ido sorprendentemente bien: la gente entra, mira con calma, se toma su tiempo y es precisamente ese tiempo dedicado a la obra, dice, lo que más le gusta ver. Sigue su perfil de Instagram.
El placer de capturar la belleza cercana

Antes de despedirnos, me cuenta el último detalle de su trabajo, aquel que hace sonreír a todo el mundo cuando lo descubre: una máquina expendedora, idéntica a las antiguas máquinas de chicles americanas, que dispensa pequeñas reproducciones de sus bocetos realizados al aire libre. ¿El precio? Un euro. Porque, dice María, la buena pintura debería estar al alcance de muchos, no de unos pocos, y quizá también la belleza, como las pequeñas cosas del hogar, funciona mejor cuando no cuesta casi nada. La encontrarás a la entrada de la tienda de Alicia, Le souvenir Gift Store, en el número 4 de la Plaça del Príncep, en Mahón.







