Cómo las Salinas de la Concepción han recuperado su voz y conquistado Europa
por Gloria Vanni
Hay algo profundamente humano en el gesto de extraer sal del agua del mar. Es uno de los oficios más antiguos del mundo. Uno de esos que no tiene inventores porque lo inventó el propio mar. Quizás por eso, la primera vez que pisé las Salinas de la Concepción, en Fornells, tuve la sensación de entrar en un tiempo suspendido entre el pasado y el presente.
Menorca sabe guardar sus secretos. Y sus salinas eran, hasta hace poco, uno de ellos. Un paisaje olvidado a la orilla del agua, silencioso como algo que ha dejado de creer que tiene futuro.
Sal, sol, viento en un tiempo que nunca ha pasado del todo
Y, sin embargo, aquí están, no solo vivas, sino premiadas. De hecho, el 21 de abril de 2026, las Salinas de la Concepción – Sal de Menorca es el nombre del grupo y la marca -, recibieron el Premio Europeo del Patrimonio/ Premio Europa Nostra, en la categoría de Conservación y Adaptación a Nuevos Usos. Un reconocimiento otorgado por la Comisión Europea que ha dado la vuelta al continente. Y que, para quienes viven en esta isla, tiene el sabor de una justicia reparadora.
Porque la historia de estas salinas habla de abandono y de retorno. Creadas en 1853 por la familia Salort de Alaior, las salinas permanecieron en funcionamiento durante más de un siglo, hasta 1984. Luego, el silencio. Más tarde, en 2012, un primer intento de restauración por parte de la familia Mayor. Finalmente, en 2018 llegó la familia Best, de origen suizo, que adquirió la concesión administrativa de las 6 hercátears de la salina de La Concepción con una idea clara: completar ese proyecto y devolver a la isla algo que le pertenece. Las obras – casi totalmente manuales y con materiales locales como arcilla, arenisca de la cantera Lithica y limos -, finalizaron en el verano de 2022.
Del abandono al renacer gracias a la mano del hombre

Caminando junto a las balsas, ordenadas y relucientes, me cuesta imaginar el estado de abandono del que ha surgido todo esto. Se han reconstruido más de cuatro kilómetros de muros con bloques de marès. Las balsas de arcilla se han limpiado y nivelado a mano. La instalación hidráulica se ha restaurado exactamente como funcionaba en el siglo XIX. El resultado es que las Salinas de la Concepción son hoy las únicas salinas activas de las seis existentes en Menorca. Las demás -Tirant Vell en Fornells, Mongofra, Addaia, Satandria y Punta Prima -, siguen durmiendo su largo y quizás eterno sueño.

Sal de Menorca produce dos tipos de sal: sal marina virgen y flor de sal, ambas recolectadas a mano, secadas al sol y al viento, envasadas manualmente en bolsas y luego en cajas. ¿Cuánta sal se recolecta cada año? Bueno, todo depende del sol y del viento. Aproximadamente 10 toneladas de flor de sal y 40 toneladas de sal marina virgen. Productos pensados, ante todo, para quienes viven en Menorca: para las cocinas de los restaurantes, las mesas de los residentes, para cualquiera que quiera llevarse a casa un pedazo de la isla que realmente tenga el sabor de Menorca.
Salinas de la Concepción, un ecosistema y no solo una empresa

Pero las salinas no son solo una empresa productiva. Son un ecosistema. Forman parte de un espacio natural de especial interés, declarado Lugar de Interés Comunitario con protección especial para las aves. Los islotes interiores construidos durante las obras de restauración se diseñaron precisamente para la nidificación. En 2025, las salinas obtuvieron la certificación oficial de Reserva de la Biosfera de Menorca y reciben a todo tipo de visitantes – colegios, residentes, jubilados, turistas -, convirtiéndose en un espacio didáctico además de productivo.

Un pequeño mundo que funciona, con la precisión silenciosa de la sal que se cristaliza. La recolección de la flor de sal es desde mediados de mayo hasta septiembre y de la sal marina virgen es al final de la temporada. ¿Quieres descubrirlo? En este enlace encontrarás visitas guiadas en español, catalán, francés e inglés.
El jurado del Premio Europa Nostra escribió que el proyecto ha sabido «reconectar con éxito el patrimonio natural, cultural y paisajístico, apoyando la biodiversidad y una economía local sostenible». Palabras técnicas para describir algo muy sencillo: alguien creyó que valía la pena salvar este lugar. Y, en mi opinión, tenía toda la razón.








