Mahon – Memoria del contacto – del 17 al 30 de abril

Lugar: Island Mood

Entrada libre

 

La exposición «Memoria del contacto» de la artista Marina Pons Wolff, presentada en el marco de Opening Menorca en el espacio Island Mood, reúne unas veinte obras pertenecientes a una misma línea de investigación artística. La exposición, que podrá visitarse del 17 al 30 de abril, se centra en el profundo vínculo entre el ser humano y la tierra, y propone además, con motivo de la inauguración, un evento que aúna arte y vino local.

En el centro de la obra de Marina Pons Wolff se encuentra la idea del «contacto» como experiencia primaria y fundamental: el contacto directo entre el cuerpo y la naturaleza, sin intermediarios, físico y sensorial. Este gesto sencillo —tocar, caminar, habitar un espacio— se convierte para la artista en un acto cargado de significado, capaz de generar huellas visibles e invisibles. La «memoria» a la que alude el título no es, de hecho, solo mental, sino que se manifiesta en la propia materia: la tierra conserva huellas, signos, transformaciones, convirtiéndose en una especie de archivo viviente de las experiencias humanas.

Las obras expuestas hacen perceptible esta memoria oculta, invitando al espectador a reflexionar sobre su propia relación con el entorno. En este sentido, la obra de la artista sugiere que no existe una separación real entre el ser humano y la naturaleza: ambos forman parte de un único sistema en continua relación. Sin embargo, también surge una tensión típica de la contemporaneidad, entre el deseo de una conexión auténtica y la distancia impuesta por los ritmos y las costumbres de la vida moderna.

Otro elemento central es el tiempo. Las huellas dejadas en la tierra narran procesos de transformación: lo que tocamos cambia, pero al mismo tiempo también nosotros somos modificados por el contacto. Las obras de Marina Pons Wolff se configuran así como una reflexión poética y sensible sobre cómo el tiempo se inscribe en los lugares y en los cuerpos.

En conjunto, «Memoria del contacto» no es solo una exposición para observar, sino una invitación a ralentizar el ritmo y a redescubrir una relación más directa, física y consciente con el mundo que nos rodea, reconociendo que cada gesto, incluso el más sencillo, deja una huella recíproca.