Una familia detrás de una marca de joyería artesanal, Barba-Rossa, que desde Menorca llega hasta Australia

En 2017 conocí una Barba-Rossa llena de curiosidades, una tienda en la que resultaba divertido descubrir las novedades seleccionadas por Pedro Llorens Vila. De hecho, en el número 42 de la calle de Ses Moreres, en Mahón, solo vendía lo que a él le gustaba. Luego, poco a poco, los objetos de decoración y la ropa fueron dejando cada vez más espacio a sus creaciones artesanales. Piezas únicas de aleación metálica bañada en plata: pulseras, collares, anillos…

Si le preguntas a Pedro qué recuerda de su infancia, responde: «Crecí en una tienda y aprendí jugando, ayudando a mis padres. La tienda, para mí, es una forma de vida».

Barbarossa, un nombre que viene de la historia

Pedro Llorens Vila con sus hijas, Júlia y Aina, presente y futuro de Barba-Rossa

El nombre no es una simple capricho. Cuando tuvo que bautizar su empresa, Pedro se topó en el centro de Mahón con un grupo de turistas. El guía estaba hablando de Barbarroja, el pirata que en 1535 saqueó la ciudad: un ataque que marcó un antes y un después en la historia de Menorca. «Me pareció un nombre curioso. Se dice así en menorquín, en catalán, en italiano, en alemán… Suena bien en muchos idiomas, es a la vez local e internacional, además de estar vinculado a Menorca. Por eso elegí Barba-Rossa».

Cuando Mahón solo olía a bisutería

Sus raíces provienen de una familia de comerciantes. Su abuela tenía una tienda en S’Arraval donde vendía de todo, «desde bicicletas hasta zapatos». También su padre, Nito, era «una persona muy comercial». En verano, la familia vivía en Es Castell; en invierno, en Mahón.

Eran los años setenta y ochenta, y la isla era otra. «Cuando era pequeño Mahón olía a bisutería, no solo en el polígono industrial. Éramos la China del mundo: la mayoría de la gente vivía de eso, se trabajaba en casa y se vivía bien. El turismo era casi desconocido». El mundo de Pedro, sin embargo, ya era el comercio: los recuerdos para los primeros turistas.

¿El primer Barba-Rossa? En Calesfonts, en la cueva del pescador

Llaveros Barba-Rossa con piezas recuperadas del mar

En 2002 abre el primer Barba-Rossa en Calesfonts, en una cueva comprada a la viuda de Jaume Reynés, un pescador con el que solía charlar de niño. La decora con muchos de los objetos de Jaume. El lema era sencillo: «Las cosas que me gustan». Mientras tanto, transforma el negocio de sus padres, pasando de ser una tienda de recuerdos a una joyería.

Cuando llega la pandemia, Pedro tiene 15 empleados, tres tiendas Barba-Rossa (Ciutadella, Mahón y Es Castell) y dos joyerías. Se detiene a hacer balance: «La joyería funcionaba, la tienda de regalos y Barba-Rossa no. El mundo había cambiado. Decidí seguir con la joyería y me di cuenta de que Barba-Rossa tenía que transformarse».

¿2020? Cambiar o cerrar, de comerciante a creador

El punto de inflexión llega de la mano de un amigo, Román Camps, fabricante de cadenas, que un día le dice: «¿Sabes que puedes hacer lo mismo en Menorca y a tu gusto?». Pedro recuerda: «Esas palabras me abrieron los ojos, la mente y el corazón».

En la época en que Menorca era la «China del mundo», la bisutería se fabricaba a gran escala. Pedro se da cuenta de que tiene que apostar por algo diferente: pequeñas colecciones, en su «taller», su taller artesanal. Le importa mucho la palabra: en español, el «laboratorio» es el lugar del científico, mientras que el taller es el del artesano. Asiste a un curso de costura y a cursos de fundición de metales, aprende a trabajar la aleación con baño de plata. Trabaja sobre todo en casa, durante horas, «con más ganas de crear que conocimientos».

El taller artesanal de Pedro en la tienda en Carrer de Ses Moreres

Entonces ocurre lo que él llama «algo mágico». Expone en el escaparate una primera colección de pulseras sin nombre, «para ver qué pasa». Un día entra alguien y pregunta el precio. Otro día, alguien compra una. «Era un comerciante y, de repente, me convertí en creador. Estaba ganando confianza en mí mismo». Cuando vende toda la primera colección, decide que la tienda de Mahón se convertirá en una tienda insignia, un escaparate del universo Barba-Rossa. Es el año 2021.

Bone Machine y otras piezas con nombres y alma

Cada pieza nace de un motivo diferente. La pulsera Bone Machine, su favorita, se le ocurrió mientras comía pollo. «El trabajo tiene que ser divertido. Mis creaciones tienen nombres de películas y canciones porque, cuando una pieza tiene un nombre, tiene alma».

Cada pieza nace de un motivo diferente. La pulsera Bone Machine, su favorita, se le ocurrió mientras comía pollo

Así nacieron las colecciones Rolling Stones, Sea of Heartbreak (inspirada en el mar), Bones & Roses (con calaveras y huesos) y Ball and Chain (del mundo de las cárceles). La colección Menorca Shackle Company también se vende en Francia, Grecia y Australia. Una idea puede surgir mientras duerme, de una clienta, por casualidad… en fin. Después, el proceso es siempre el mismo: diseño, modelo en 3D, fundición de la aleación y baño de plata.

Y luego está OnlyOne. «No tiene sentido hacer diez pulseras iguales, me aburro. Y saber que tienes una pieza única es algo muy poderoso». Mientras tanto, la tienda se convierte en un banco de pruebas, un laboratorio: Pedro expone las novedades, experimenta, observa cómo reacciona la gente.

El misterio de Lord Charles McMahon

En el universo de Barba-Rossa también hay un personaje de ficción. A Pedro no le gusta aparecer en público, así que se ha inventado un alter ego, Lord Charlie MacMahon. Es el personaje que firma las colecciones y le da a la marca un toque de misterio. «Lo que cuenta son las ideas, no mi persona», añade.

La leyenda está escrita como un relato marinero en la página web: «Hay quien dice que nació durante una tormenta, bajo un cielo de relámpagos y salitre…». Y, sin embargo, cada año, como por arte de magia, las nuevas colecciones llegan puntuales, en edición limitada. Y en ese apellido, quién sabe, resuena precisamente Mahón.

Barba-Rossa y la Fundació per a Persones amb Discapacitat de Menorca

La collección de pulsera Barba-Rossa nace en colaboración con la Fundació per a Persones amb Discapacitat de Menorca

El 2020 fue también el año más duro: «Estaba cerrado y sin dinero. Cuando volví a abrir tenía mucho trabajo, pero no podía pagar a tantos empleados» . Un día entró en la tienda Sergio Colino, de la Fundació per a Persones amb Discapacitat de Menorca. La Fundación buscaba una empresa con la que colaborar, para jóvenes que tenían que empezar a trabajar. «La ayuda llegó».

De esa colaboración surgió también un premio para la Copa del Rey de Vela Clásica, organizada cada agosto por el Club Marítimo de Mahón. Pedro impartió un curso y donó los materiales. Los chicos fabricaron a mano las piezas que se donaron al Club y se entregaron a cada regatista. Pulseras y collares con un símbolo, un grillete náutico de acero inoxidable, el conector en forma de “U” cerrado por un pasador que en los barcos une cabos y cadenas: «Un símbolo del mar, de la fuerza, de la unión».

Pedro Llorens y el placer de las pequeñas cosas

El trabajo y la creación de Pedro Llorens Vila: No tiene sentido hacer diez pulseras iguales, me aburro. Y saber que tienes una pieza única es algo muy poderoso

Recuerdo una frase suya: «Nunca he tenido dinero, quizá por eso no tenía miedo de perderlo». ¿Sigue siendo así? «Sí. Sueño con que Barba-Rossa sea cada vez más conocido. Tengo un proyecto de vida que me da coherencia y que no termina conmigo. Tengo suerte, hago lo que me gusta. Para mí, la diversión es el camino que estoy recorriendo».

Motivación, esperanza, entusiasmo, pasión, curiosidad: esas son sus palabras. Las pequeñas cosas del día a día son las mejores y de los errores se aprende. La tienda de Ciutadella no funcionó: «Me enseñó que a veces soy demasiado impulsivo. La pasión es importante, pero debe ir de la mano de la sensatez».

Collección OnlyOne, pulseras: piezas únicas de Barba-Rossa
Hoy, Barba-Rossa es un equipo de diez personas, y el futuro ya está en casa. Aina, la hija mayor, se encarga del marketing. Júlia, la menor, por su parte, es la responsable de la segunda tienda en Mahón y de las compras. El proyecto que más nos llega al corazón a los italianos es para 2027: una colección dedicada a la diosa Tanit, con elementos de cristal de Murano.

¿Barba-Rossa en una frase? «Un proyecto familiar con mucho futuro». ¿Menorca en tres palabras? Pedro reflexiona y añade: «Menorca es el mundo en el que nací y, por sí sola, es el mundo entero». ¿Y cómo llevarle la contraria?

¿Por qué me gusta Barba-Rossa? Porque es una historia humana de Menorca con alma. ¡Hasta la próxima!

Pedro con sus estrellas, sus hijas, Júlia y Aina. A la derecha, unas piezas Barba-Rossa.