Joyas de Menorca: Santo Domingo figura entre las 50 mejores explotaciones agrícolas regenerativas de Europa
De camino a Punta Prima, pasas junto a unos campos que parecen fuera del tiempo: hileras ordenadas de hortalizas, tierra oscura y mullida, aromas de una naturaleza que aún sabe embriagar. Me detengo, tengo una cita con Sergio Riudavets, de Santo Domingo, la finca familiar que acaba de entrar en la lista de las 50 mejores fincas agrícolas regenerativas de Europa. Esto es lo que he descubierto entre una hilera y otra de tomates, calabacines, lechugas, rábanos, hierbas aromáticas…
Sergio Riudavets: de una lesión nace un nuevo camino

La historia de la finca agrícola Santo Domingo comienza en 2014, cuando Sergio y sus padres, Toni y Mari, deciden recuperar la finca de sus abuelos en Punta Prima: 18 000 metros cuadrados de terreno, de los cuales 11 000 son cultivables. Al principio se practica agricultura ecológica, con un enfoque tradicional. Pero, hace tres años, algo cambió. Y cambió, como suele ocurrir, por una razón totalmente imprevista.
«Me rompí el peroné jugando al fútbol y estuve de baja casi seis meses», me cuenta Sergio.
Una lesión que podría haber sido solo un paréntesis frustrante, pero que, en cambio, se convirtió en tiempo para estudiar, para ver durante horas y horas el canal El sembrador en YouTube. Y también para entrar en contacto con Fernando García de Vinuesa y su comunidad. Y además, para descubrir a las figuras que hoy lideran el movimiento de la agricultura regenerativa en el mundo: el canadiense Jean Martin Fortier, fundador del Market Gardener Institute; el estadounidense Conor Crickmore, de Neversink Farm; y el británico Charles Dowding.

Así, Sergio se convierte, como él mismo dice con una mezcla de orgullo y sencillez, en «un pionero de la agricultura regenerativa en el huerto con compost» en Menorca, isla donde, a día de hoy, solo cuatro o cinco explotaciones practican este método de cultivo.
En Punta Prima, el secreto es no arar la tierra
Pero, ¿qué significa, en concreto, agricultura regenerativa? Significa dejar de arar. Significa dejar que el suelo permanezca intacto, enriquecerlo con compost de producción propia y dejar que el ecosistema microbiano se reactive por sí solo.
«No utilizamos maquinaria pesada», precisa Sergio, «lo hacemos todo a mano, sin remover la tierra, para no dañar la vida microbiana».

El resultado es casi sorprendente: la producción por metro cuadrado se multiplica por seis. El compost, me explica, funciona como una esponja. Es decir, se mantiene húmedo pero nunca empapado de agua, lo que evita la aparición de hongos y la pudrición, y permite reducir el consumo de agua en más de la mitad. Basta con media hora o tres cuartos de hora al día de microirrigación, según la estación. Y con la crónica escasez de agua de las islas, eso no es poco.
Santo Domingo: 50 variedades, un solo terreno
En los campos de Santo Domingo crecen acelgas, apio, col rizada, patatas, rábanos, zanahorias, romero, puerros… Todo ecológico, todo de temporada y, a menudo, variedades locales. El año pasado plantaron 43 variedades de tomates. Este año, han seleccionado entre 22 y 24 junto con los chefs de la isla. También está el San Marzano, que en julio atrae a los clientes italianos que buscan los sabores de casa. A lo largo del año, entre una cosecha y otra, Santo Domingo produce entre 50 y 60 hortalizas diferentes, según la temporada.
Dónde comprar y degustar las delicias de Santo Domingo

La venta directa en la finca sigue siendo la prioridad absoluta de Sergio. A partir del próximo otoño volverá también la entrega a domicilio, con un proyecto de la Comunidad que Apoya la Agricultura (CSA). Está pensado para unas treinta familias dispuestas a suscribirse a una cesta semanal de verduras de temporada, cuyo precio oscila entre los 30 y los 35 euros.
Los productos de Santo Domingo se pueden comprar en la finca, en Punta Prima – junto al pan integral de harina de Xeixa, los tradicionales pastisset, las ensaladas en bolsa, los quesos y los embutidos -, en el Supermercat Cooperativa San Crispín de Alaior y Es Migjorn Gran, y en el Bio Magatzem de Mahón. Y se pueden degustar en restaurantes como Binifadet, Tamarindos, el Chiringuito de Cala Tirant, Basico en Punta Prima y el Hotel Rural Torre Vell en Alaior.
Enseñar agricultura regenerativa no solo en Menorca

Paralelamente a la finca, Sergio ha puesto en marcha un proyecto personal, huertaregenerativa.com, donde ofrece cursos y asesoramiento. En Menorca, en Valencia y, actualmente, en Argentina. Es un proyecto que le entusiasma mucho: «Ahí es donde veo más futuro, porque el huerto tradicional es cada vez más complicado, mientras que con este sistema se puede enseñar a una persona a producir y a obtener ingresos incluso con solo mil metros cuadrados de terreno», añade.
Para entenderlo mejor, veamos las cifras: este año, Santo Domingo ha generado 25 000 euros brutos y, una vez deducidos los 7 000 euros de gastos, quedan unos 1 500 euros al mes. Es una cifra que – a diferencia de la agricultura tradicional, donde la tierra se empobrece y produce cada vez menos -, está destinada a crecer. Porque con la agricultura regenerativa, la tierra se cura y no se agota.
Y también llegan los reconocimientos europeos
Los reconocimientos han llegado uno tras otro. El Premio Onda Cero Menorca 2024 por el respeto al medio ambiente, el Premio BBVA 2025 para los 10 productores más sostenibles de España. Luego, en la primavera de 2026, la incorporación a los Top 50 Farmers de Europa por la agricultura regenerativa.
«Para nosotros significa que se reconoce el trabajo que estamos haciendo», dice Sergio, «las buenas prácticas y la voluntad de seguir por este camino». Una trayectoria reconocida también en Ecuador, donde ha sido invitado el próximo mes de octubre, con motivo de la amplia agenda internacional en apoyo de Manabí, Región Mundial de la Gastronomía 2026, para contar su experiencia en agricultura regenerativa.
Cuando me despido de Sergio pienso en lo raro y valioso que es encontrar a alguien que transforma una lesión – seis meses de inmovilidad forzada -, en una visión para el futuro de su tierra. Y me digo que sí, Menorca necesita historias como esta. Necesita personas que eligen no arar para dejar que todo crezca mejor. No solo Menorca, a decir verdad.







