por Gloria Vanni

Cara a cara con Marc Jesús, pintor, escultor y padre de las mujeres azules

El artista Marc Jesús nació en Ibiza, pero vive en Menorca desde niño.

Reconozco que admiraba a Marc Jesús desde la distancia y desde hacía tiempo. Había visto sus mujeres azules por todas partes en Menorca —galerías, tiendas, casas de amigos— y cada vez me detenía a mirarlas. Hay algo en esas figuras suaves, serenas, suspendidas en momentos de pura vida cotidiana, que te llega al alma sin pedir permiso.

Luego lo conocí en persona. Y es exactamente como sus cuadros: cálido, directo, sin florituras. Un hombre guapo, además —lo digo y no me disculpo— con esa simpatía natural de quien no tiene nada que demostrar. Entrevistarlo fue una auténtica alegría. Una de esas conversaciones de las que sales con más energía de la que habías traído.

Marc Jesus: las mujeres azules de Menorca y una vida pintada con libertad 

Un vistazo al estudio de Marc Jesús en Ciutadella

Marc Jesus nunca se preguntó si llegaría a ser un artista famoso. Se preguntó, en todo caso, si lo estaba pasando bien. Y la respuesta, casi siempre, ha sido sí. Nacido en Ibiza, menorquín de adopción desde que era adolescente —llegó allí por casualidad, gracias a una regata de su padre—, Marc ha construido en esta isla una vida que se parece mucho a sus cuadros: llena de color, sin sombras innecesarias, habitada por figuras femeninas serenas que narran momentos, emociones, sensaciones. ¿Tristeza? ¡Nunca!

«Nunca he pintado momentos tristes», dice con esa sencillez que en él nunca es banalidad. Es una elección estética y existencial a la vez.

Su historia como artista no comienza con un niño prodigio

Hijo de un pintor que no le da consejos artísticos, Marc no es ese niño prodigio que ya lo sabía todo. Su historia es mucho más interesante. Llegó a Menorca siendo adolescente, tras haber vivido en un barrio complicado de Barcelona y con pocas ganas de estudiar; la isla le salvó, literalmente. «No sé cuál habría sido mi futuro. Venir aquí es lo mejor que me ha pasado», precisa con una mirada pícara y brillante.

La pintura y los colores son el pan de cada día de Marc Jesús, pintor y escultor que se levanta a las 5 de la mañana y comienza a trabajar en el silencio de Ciutadella.

En Menorca vuelve a estudiar, trabaja en una fábrica de bisutería en Mahón, luego en el mundo de la moda en Ciutadella, y después en la decoración de zapatos. La bisutería y el calzado han sido durante mucho tiempo los motores de la economía de Menorca. A los veinte años ya es activo, práctico, curioso. Se va a Mallorca, obtiene el título de joyero y abre un taller. Y es precisamente allí, entre metales y formas, donde aparece por primera vez ella: el perfil de esa mujer que ya nunca le abandonará.

«Empecé a reproducirla y utilizo esta figura para contar momentos, situaciones, emociones». El perfil sigue siendo siempre el mismo. Todo lo demás cambia: la postura, la luz, el contexto, la historia. Es un lenguaje que él mismo ha inventado, reconocible a simple vista.

Premios de Pintura Sant Antoni: esos galardones que lo cambiaron todo 

El giro decisivo llega gracias a un amigo y profesor de dibujo, Juan Elorduy, que ve sus dibujos y le convence para que participe en los Premios de Pintura Sant Antoni —uno de los concursos de arte más prestigiosos de las Islas Baleares entre 1991 y 2007—, organizados por la Obra Social Sa Nostra. Marc lo gana todo: el premio para menores de 30 años y el primer premio absoluto. «¡Fue una gran sorpresa!», exclama con alegría. El segundo premio incluía la posibilidad de hacer una exposición, lo que le obligó a pintar al menos veinte cuadros. Era 1992 y ya no se detuvo.

Al igual que el perfil de la figura femenina, los colores brillantes forman parte del lenguaje personal de Marc Jesús.

¿Sus influencias? Matisse, Picasso, Tom Wesselmann, el pop americano. «Mezclo y he creado mi propio estilo. Soy un anárquico con la pintura. No tengo normas, no me gusta sufrir. Me nutro de todo y tengo que sentirme bien», dice. ¿Y cuando algo no funciona en un cuadro? «Si no me gusta una mano, la oculto con una flor». Pequeñas estrategias, grandes resultados.

Libertad y profesionalidad como opciones de vida 

Marc se despierta cada día hacia las cinco de la mañana y empieza a pintar. Es hiperactivo, en su día era capaz de trabajar en cuatro cuadros a la vez. Nunca ha perseguido las grandes galerías internacionales y nunca ha jugado a dos bandas con las instituciones o la política. «Soy totalmente apolítico», dice. «Me gusta cualquier cosa bien hecha».

Las formas redondeadas y suaves de la mujer de azul de Marc Jesús, en esta pintura de un inusual color carne.

¿Dos frases que para Marc sirven de brújula? «Vive y deja vivir» y «aprovecha la vida». A su lado desde 1993 está Sonia, menorquina, a quien él define sin dudar como «la columna vertebral de la familia». Cuatro hijos, de entre 15 y 28 años. El segundo pinta y añade: «No le he enseñado nada. Le he animado a explorar, a hacer de todo, y le recuerdo que pintar debe ser un placer, una diversión, no debe ser un sufrimiento». El aspecto económico de la vida siempre ha sido una montaña rusa, admite. Pero ha sacado adelante una familia con cuatro hijos, ha vivido y vive haciendo lo que le gusta, ha disfrutado de Menorca, de los amigos, de la libertad. Y eso no tiene precio.

Menorca, cómo era ayer, cómo es hoy 

Marc recuerda la Menorca de su adolescencia con una ternura vívida: tres personas en una moto sin casco, los chiringuitos en las playas de Son Saura y Cala Turqueta, los turistas a los que solo se veía cuando llovía en la ciudad. «Había dinero, había alegría, no había tráfico», añade. Ahora, julio y agosto son casi insoportables para quienes viven en la isla. De octubre a mayo, sin embargo, vuelve a ser ese concentrado de paz que te cambia la vida. Este año Marc cumple 60 años. No le da importancia. «No le doy importancia a las fiestas. Las cosas hay que celebrarlas todos los días. No se me puede obligar a ser feliz solo un día, quiero serlo todos los días». ¿Cómo no estar de acuerdo?

Marc Jesús vive y trabaja en Ciutadella

Hay personas con las que te cruzas y te dejan algo concreto: una idea, una frase, una nueva perspectiva. Marc me ha dejado esta: que la libertad no es un punto de llegada, es un método de trabajo. Se aplica a la pintura, a la familia, a la vida en la isla. Y se ve, tanto en sus cuadros como en sus ojos.

Menorca lo acogió cuando era un chico sin rumbo. Él le ha devuelto décadas de belleza, color y mujeres azules que parecen sonreír con los ojos cerrados y sin motivo aparente. O quizá por el motivo más sencillo que existe: porque es bonito estar en el mundo.