Retrato de un menorquín de hace 3.000 años

Por Itziar Lecea

Es una noche cerrada de agosto. Una breve procesión repta por el acantilado del barranco de Algendar, en Menorca.Llevan consigo varios objetos de fango, madera y restos de animales. El camino es abrupto y complicado, y solo pueden avanzar poco a poco, sujetando en alto unas pequeñas lámparas, sus únicas guías en el camino.

De repente, la luz inunda una cavidad, como si el cielo se hubiera abierto encima de sus cabezas. Están en una cueva. Y la fecha es aproximadamente hace 3.500 años. Esta podría ser la descripción de la caminata de los humanos prehistóricos que dejaron huella en la isla, y a través de los cuales, conocemos hoy un poco mejor cómo eran sus vidas y costumbres.

La Cova des Càrritx, sala de muertos

En 1995 se descubrió la Cova des Càrritx, una gruta de unos 200 metros de longitud que se abren en la pared del barranco de Algendar, en Ciutadella. Podría haber sido un hito más en los libros de prehistoria de la isla, si no fuera por el peine y el hueso relleno de cabello.

De hace más de 3.000 años. Las excepcionales condiciones de conservación han permitido que restos que suelen ser frágiles – como el pelo humano- se hayan preservado durante tanto tiempo. Son estas condiciones, y el hecho de que el acceso estuviera barrado por una gran roca durante cientos de años, lo que crearon esta cápsula del tiempo. 

Su descubrimiento fue como abrir una puerta a miles de años atrás, en un momento de rito funerario

Lo que la cueva des Càrritx nos cuenta es la manera en que tenían los menorquines de la prehistoria de enterrar a sus difuntos. Ritos de animación, invocando deidades de la naturaleza, se realizaron durante al menos 600 años, y con unas 200 personas. Junto a los restos humanos, se depositaron piezas de cerámica, bronce y madera.

Destaca entre todas ellas un peine con forma de murciélago, del cual se cree que servía para peinar y teñir el cabello. Se le atribuyen cualidades mágicas, debido a la conexión evidente que presenta con la naturaleza al reproducir la forma de un animal.Esculturas milenariasDos años después del hallazgo de la cueva de muertos, Ciutadella dio otra sorpresa aún mayor. En la zona noroeste del municipio, la gruta des Mussol arrojó luz sobre otro tipo de rituales, que tenían que ver con etapas de iniciación a la vida de los chamanes de la época.

El difícil acceso -cae a pie a unos 40 metros sobre el mar – hace sospechar que el simple hecho de llegar hasta esta cueva ya era parte del proceso de iniciación, y que la experiencia en su conjunto podría resultar un viaje de transformación para el hombre prehistórico.

En el interior de la gruta, se hallaron restos de plantas aromáticas, huesos de animales, maderas, cerámicas, e incluso estalactitas. Todos estos objetos se servían en ofrenda a la Madre Tierra.

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Pero el objeto que más ha llamado la atención de esta gruta, es la escultura en madera de un hombre prehistórico, excepcionalmente bien conservado.

Es la primera obra escultórica que se conoce de la isla, convirtiendo al afortunado modelo en el primer menorquín en tener un “recuerdo” de cómo era. Tiene también el honor de ser el busto conocido más antiguo en Baleares.

A pocos centímetros de donde se encontró, yacía otra talla. Esta vez, con características humanas y animales. Este busto hace referencia a un “ser híbrido”, el mismo conjunto que incluye composiciones tan célebres como la Esfinge o los Centauros. Estos seres imaginarios tenían su papel en las narraciones mitológicas de la Antigüedad, unos relatos muy elaborados a través de los cuales una comunidad expresaba sus creencias filosóficas y religiosas.

La figura des Mussol podría ser el precedente del dios celta conocido como Cernunnos, “El Cornudo”, vinculado al mundo subterráneo y considerado fuente de fertilidad, provisión y abundancia.3.000 años encerrados en cristalLas condiciones ambientales de ambas cuevas se han reproducido fielmente para conservar los objetos encontrados.

Y que puedes visitar en el museo municipal de Ciutadella.