Modas que acabarán con las mejores playas de Menorca

Por Itziar Lecea

Hace poco más de 20 años, la playa de Es Bot, en Algaiarens, contaba con una de las dunas más espectaculares de la isla. Comenzaba en el lindar del bosque de pinos que corona el arenal. Y por ella bajé corriendo cientos y cientos de veces. Haciendo la “croqueta”, resbalando como si fuera una pista de nieve. Rodando como un balón. Hoy, esa duna no existe. En su lugar han aparecido un montón de piedras rojizas y las raíces de los pinos, que se sujetan como pueden a la escasa tierra que les queda.

Así es como un “juego de niños” modifica de forma irreversible el paisaje de Menorca. Pero hoy en día sigue habiendo modas que pueden marcar un punto de no retorno para otras zonas costeras. Quizás, en 20 años, estemos hablando de playas desaparecidas y caminos olvidados.

Cavalleria y sus barros medicinales

Una de las zonas más afectadas por modas sin sentido pero muy perjudiciales es la playa de Cavalleria. La tierra rojiza, característica de buena parte de la costa norte de la isla, es usada por los bañistas como barro purificante para la piel. A pesar de los avisos que las autoridades públicas han puesto sobre el terreno, se calcula que cada temporada estival le supone a Cavalleria una pérdida de más de 1,5 toneladas de arcilla.

De hecho, hace unos quince años eran pocos los que se embadurnaban con la tierra rojiza de esta playa. Pero la moda del “wellness” y las redes sociales se han inundado de consejos “beauty” que recomiendan cubrirse con esta tierra para tener una piel más radiante. Eso sí, sin ninguna evidencia científica. Quizás queden solo unos quince años más de moda “beauty” en este playa, que corre el riesgo de quedarse sin el característico acantilado desde el que se accede al arenal.

Castillos de piedras

Otra moda sin ningún tipo de sentido que erosiona el terreno de la isla, es la de hacer montoncitos de piedras. Es fácil ir por el Camí de Cavalls y encontrarse con estas construcciones curiosas y sin mucho sentido, pues no sirven para marcar nada en absoluto.

Aunque menos arraigada que la moda de los baños de barro, también es un gesto que los visitantes han esparcido por redes sociales. Y que se repite verano tras verano. Quizás mover media docena de piedras no resulte muy significativo para el terreno. Pero si cada día se mueven cientos de docenas, se está destruyendo parte de un ecosistema frágil, que sirve de refugio para pequeños animales y como protección para pequeñas plantas.

El deporte es bueno para la salud. Pero no tanto para el terreno

El gran perjudicado en esto de las modas que erosionan, es el Camí de Cavalls. Este sendero, que recorre el perímetro de la isla, es muy frecuentado por visitantes y residentes para hacer excursiones a pie, a caballo y en bicicleta. De hecho, las administraciones públicas promocionan este camino como uno de los atractivos turísticos de fuera de temporada.

Sin embargo, el tráfico masivo, sobre todo en época de pruebas deportivas, está dañando el Camí de Cavalls de forma considerable. Hay más de 300 puntos en los que la erosión es palpable, según estudios científicos, con especial incidencia en el tramo de Ets Alocs, en la costa norte.

Las dunas protegidas que mantienen las playas vivas

Pero no todo son malas noticias en cuanto a conservación del paisaje. Muchas son las playas con sistema dunar que se han recuperado gracias a la conciencia de la administración pública y el respeto de los bañistas.

Puede que no recuperemos la duna de Es Bot. Pero, al menos, conservaremos las que aún nos quedan si somos conscientes de que Menorca está igual de viva que los que la pisamos.